martes, 20 de noviembre de 2012
Solo hacía falta arriesgar.
El tiempo se detuvo en el momento exacto, la brisa fría hacia correr las hojas como envueltas en una locura sin fin, las campanas empezaron a sonar indicando que eran las 3 de la tarde de aquel lunes. Solo habían pasado 2 minutos desde nuestra despedida, fue tensa, amarga y dolorosa. Mientras caminaba me inundó una sensación de vacío, mi mirada estaba perdida, sabía que si me daba la vuelta no te iba a encontrar porque ya te habías ido, quizás para para nunca volver, me di por vencida demasiado rápido, tan rápido como aquel sonar de campanas que sin darme cuenta ya había parado y todo volvió a la realidad, una realidad en la que tú ya no me pertenecías.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario